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sábado, 3 de enero de 2015

Haciendo sietes


Romance del número 7

El siete es número primo,
nunca fue número hermano,
tampoco número suegro
ni mucho menos cuñado.

Hacen siete, seis más uno,
cinco más dos, tres más cuatro,
el signo de la victoria
y los dedos de otra mano.

No es un número cualquiera
que el siete es número mágico
de leyendas e historietas,
de religiones y acasos,
el dorsal de David Villa
y el de Cristiano Ronaldo,
realidades y ficciones
“se non vero, è ben trovato”.

Siete estrellas en el cielo
con su luz forman un carro
que ilumina nuestras noches
y Osa Mayor es llamado.

Siete son las bellas artes,
siete las vidas de un gato,
las maravillas del mundo
y los colores del arco
iris en días de lluvia
con trasfondo soleado.

Siete notas musicales
para violines y pianos,
para flautas y trombones,
barítonos y sopranos.

Siete, las plagas de Egipto,
y en los sueños legendarios,
son siete las vacas flacas
que anuncian siete años malos
tras siete años de bonanza,
siete de gordo ganado.

Siete, los sabios de Grecia,
y los dragones asiáticos,
los días de la semana
y el número de los años
que tardó en edificarse,
firmemente sustentado
sobre sus siete columnas,
el templo del rey más sabio.
Salomón era su nombre.
Pacífico su reinado.

Son siete las luminarias,
dispuestas en siete brazos,
de la Menorah judía,
el hebraico candelabro.

Siete son los sacramentos
que administran los cristianos.
Las palabras del sermón
del Cristo crucificado.

Los arcángeles son siete
dice el bíblico relato.
Siete hermanos macabeos,
siete, los nombres del diablo.
Sellos, trompetas y copas
constituyen septenarios
según el Apocalipsis,
según el libro macabro.

Los pecados capitales
que acechan al ser humano
son siete también y siete
virtudes los han retado.

El séptimo cielo es tierra
prometida al ser amado,
pero las almas que llegan
al séptimo cielo islámico
sienten que en tan largo viaje
hay quien utiliza atajos.
Combatientes yihadistas
se les han adelantado
y disfrutan las huríes
que les había reservado
un Alá machista y fiero
¡que consternación! ¡que espanto…!

En Pamplona cada siete
del séptimo mes del año
es San Fermín. Corren toros,
mozas y mozas navarros.

En Roma hay siete colinas
siete calles en Bilbao,
siete islas afortunadas
en territorio canario
y una ciudad en Castilla
a la que Lope ha afamado.
“Villa de los siete sietes”
a Olmedo la han bautizado.
Siete eran sus casas nobles,
siete plazas, siete caños,
siete iglesias erigidas,
todas con sus campanarios.
Eran siete sus conventos,
siete pueblos y siete arcos.
Muchos sietes en aqueste
rincón vallisoletano…
y eran siete las partidas
de Alfonso X el sabio.

Hidras de siete cabezas
y un monstruo de siete rabos.
Siete eran los cabritillos
que al lobo se han enfrentado.
En el bosque a Blancanieves
dan asilo siete enanos.
Los padres de Pulgarcito
siete retoños han criado.
De un ogro estaban pendientes,
el ogro que iba calzado
con botas de siete leguas...
¡cuán gigantesco zapato!
También siete hijas tenía
ese ogro tan desalmado.

Yo vi a Simbad el marino…
como siempre, navegando
a través de siete mares
con piratas y corsarios.
Y vi héroes del séptimo arte
mucho más que idealizados.
Siete samuráis nipones
con el tiempo reencarnados
en magníficos vaqueros
del oeste americano.
El séptimo regimiento
está siendo aniquilado.
Mueren con las botas puestas
a lomos de sus caballos.
Por desgracia estaba al frente
“el de los cabellos largos”,
Custer, buscador de gloria,
el militar más tirano.
Un alpinista que viaja
Por el Tibet siete años.
Siete lunas y una torre
para siete jorobados.
Una casa y siete halcones,…
Siete novias, siete hermanos,..
La tentación vive arriba
tras siete años de casados.

Divina ley cabalística
o juego frívolo urbano
es lo cierto que del siete
gran provecho se ha sacado.

Por mi parte, corto y cierro
este romance tan largo
y así mis siete secretos
quedarán mejor guardados
cerrados con siete llaves
de diferentes candados.
Y para acabar, les digo,
y es información que avanzo,
que algo le debo yo al siete
pues mis padres se casaron
en Gijón hace ya tiempo
un día siete de marzo.

© Javier Suárez Pandiello

"Siete puertas", por Pedro Guerra

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