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jueves, 21 de marzo de 2019

En el día internacional de la poesía...



Calibrando mensajes preelectorales

Yo ya soy gato escaldado
y no aprendiz de bombero,
pedir prestada prefiero
ayuda a Antonio Machado.
De mirar para otro lado
ya no me encuentro en edad.
Dijiste media verdad
y no dejo que me asustes,
serán dobles tus embustes
si dices la otra mitad.

© Javier Suárez Pandiello

"El disputado voto del señor Cayo",breve fragmento de Antonio Giménez Rico basada en la novela de Miguel Delibes  

martes, 4 de diciembre de 2018

Apuntes urgentes sobre democracia parlamentaria




El pasado domingo se celebraron en Andalucía unas elecciones que han resultado ser especiales, a la vista de sus resultados y que, sin duda, harán correr (están haciéndolo ya) ríos de tinta entre expertos analistas, tertulianos de bandera, twitteros más o menos deslenguados, políticos en activo, opinadores varios y todas las intersecciones que se nos puedan ocurrir entre esas diversas categorías. Nos dirán (nos están diciendo) que es el fin de una era, un cambio de régimen, el retorno de una amenaza que creíamos superada, la debacle socialista, el auge de las derechas, un peligro cósmico o el advenimiento del Apocalipsis, como antes nos anunciaron la alianza de civilizaciones, la conjunción de astros entre la Moncloa y la Casa Blanca, la ruptura de España o la generalización del patio de Monipodio.
Como nos intentarán asustar (ya lo están intentando) con el nuevo advenimiento del fascismo, como antes lo hicieron con la llegada del bolchevismo, de las hordas bolivarianas, de la invasión musulmana o de la inminencia de la quema de conventos, bien estaría poner un poco de calma, demostrar que somos seres racionales (y no sólo, como decían los vigueses de Siniestro Total, “de los que toman las raciones en los bares”) y, por encima de todo, tratar de desterrar el doble rasero, la doble vara de medir o el cinismo por bandera que tanto abunda en los discursos políticos y en las tertulias de los medios de comunicación, antes de que de tanto sembrar vientos no nos dé tiempo a escapar de las tempestades.
Es por ello por lo que me he decidido a escribir estos breves apuntes de urgencia sobre política parlamentaria, incumpliendo yo también una promesa que me había hecho a mí mismo, con toda la osadía de que soy capaz. Vamos a ello. Primero los hechos. Tres proposiciones para empezar:
Proposición 1. En un sistema parlamentario las elecciones las gana aquel que es capaz de articular una mayoría que le permita acceder al gobierno. O lo que es lo mismo, gana quien puede gobernar, no quien más diputados alcanza. Esto, que parece bastante elemental, sirve para Susana Díaz, como también para Mariano Rajoy o para Inés Arrimadas. Contra lo que se empeñaba en decir, Rajoy no había ganado las elecciones cuando tuvo bloqueada su investidura largos meses, pues eran más quienes habían respaldado opciones políticas alternativas que quienes votaron la suya. De hecho así se demostró con el cambio de gobierno que siguió a la moción de censura por todos conocida. Tampoco ganó Inés Arrimadas las elecciones catalanas, por más que se esfuerce en convencernos de ello. A la vista está quien detenta el gobierno de Cataluña (que no quien gobierna, pues esto último no parece haber nadie que lo haga), en la medida en que una vez más es mayor el respaldo parlamentario a opciones alternativas que el obtenido por el partido con mayor número de votos. Y, en fin, tampoco parece haber ganado Susana Díaz las elecciones andaluzas, dado que aparentan sumar más los escaños en su contra que los que la respaldan, salvo que las sorpresas de las negociaciones políticas nos digan otra cosa.
Sin embargo, en un nuevo alarde de cinismo, no voy a decir sin precedentes, pues en realidad precedentes abundan, quienes llaman okupa a Pedro Sánchez por intentar gobernar España con 84 diputados sobre 350 (24%) no tienen remilgo en creerse con el derecho de gobernar Andalucía con 26 sobre 109 (prácticamente la misma proporción), al tiempo que quienes negaban la autoridad moral del gobierno a la lista más votada son los mismos que hoy la reclaman para sí.
Proposición 2. En democracia parlamentaria todos los votos son igualmente legítimos en la medida en que todos los electores son igualmente respetables. Si creemos que la democracia consiste en la expresión de la voluntad popular entre personas libres e iguales, no podemos aceptar que haya electores superiores a otros por más equivocadas que subjetivamente nos parezcan determinadas opciones políticas o por más repugnante que encontremos ciertos mensajes. Si aceptamos esta premisa, tan legítimos son los votos de Bildu, como los del Partido Popular, los de ERC o los de Ciudadanos. De modo que un gobierno socialista apoyado por el PDCAT, ERC, Podemos y Bildu puede disgustar, pero es perfectamente legítimo y constitucional. Del mismo modo, tan legítimos son los sufragios recibidos por VOX como los del PSOE de Andalucía y perfectamente legítimo y constitucional sería cualquier eventual gobierno sustentado por los diputados de VOX, por mucho que disgusten algunos de sus planteamientos políticos.
Proposición 3. En democracia parlamentaria es perfectamente legítimo plantear propuestas políticas que objeten directamente a preceptos constitucionales, siempre que utilicen procedimientos amparados por la Constitución. Corolario de esto es que tan legítimo es plantear propuestas de cambio de la forma de Estado, sustituyendo la Monarquía por una República o aspirando a la secesión de su territorio previo ejercicio de un (todavía) no reconocido derecho de autodeterminación, como proponer la supresión de las Comunidades Autónomas y recentralizar las competencias en educación o sanidad.
A partir de aquí, que cada cual interprete los resultados a su manera. Se recomienda no mirarse demasiado el ombligo, utilizar argumentos sólidos que resistan confrontaciones racionales y huir del "y tú más."


domingo, 24 de julio de 2016

Después de otras elecciones...

Visto en Cuéllar (Segovia)

De "impasses", "sorpassos" y repasos

Y volvimos a las urnas.
Y se contaron los votos.
Y los puentes siguen rotos.
Y las gentes, taciturnas.
Y en las tertulias nocturnas
siempre el mismo comentario:
un gobierno es necesario.
Hay que tomar decisiones.
Hay que buscar soluciones 
fuera del argumentario.

Y los grupos, enrocados,
sin dar su brazo a torcer.
No ven o no quieren ver
la luz de estos resultados.
Obtuvo más diputados
el partido popular,
pero, puestos a contar,
con sus ciento treinta y siete
ni les da para un billete 
de ida a la barra del bar.

Y el presidente en funciones
sostiene que él ha ganado,
que la gente ha respaldado
su programa y sus razones.
Mas, contando los sillones,
no está tan clara la cuenta,
Pues, de trescientos cincuenta,
hay otros doscientos trece
que estiman que no parece 
que ha amainado la tormenta.

Y es que el jefe no se mueve
y ahora ya nadie le fía.
Y para la mayoría
aún le faltan treinta y nueve.
Y no tiene quien le lleve
de la mano a la poltrona.
No se encuentra comadrona
para tan penoso parto.
Hasta el hartazgo está harto 
y casi nadie perdona.

Ganó en número de escaños.
Es verdad. No se discute.
Pero ¿no hay quien le compute
el balance de los daños?
En los últimos cuatro años
usó sus votos cautivos
como apoyos exclusivos.
No consideró oportuno
buscar consenso ninguno 
con grupos alternativos.

Bastaba su propia tropa
para aprobar sus medidas,
aun las más controvertidas,
¡Es lo que nos manda Europa!
Y a falta de viento en popa
(como no era necesario)
su grupo parlamentario
fue imponiendo sus criterios
rudamente, sin misterios, 
casi siempre en solitario.

Víctima de fuego amigo
fue quebrantando promesas,
alcahuetando alcaldesas,
predicando sin dar trigo.
Y, mirándose al ombligo,
atribuye en un pis pas
el pecado a los demás:
Albert es un pobre iluso,
Pedro un medroso confuso 
y Pablo otro Satanás.

Y les exige que avalen
su derecho a gobernar,
sin una coma cambiar,
más bien que se lo regalen.
Que de balde le apuntalen,
aunque no exista partido
que no haya comprometido
cambios con sus electores,
de políticas y actores, 
después de lo que han sufrido.

Ciertamente fragmentado
el parlamento vigente,
el mandato de la gente
no es mirar para otro lado.
No está el pueblo equivocado
cuando el poder ha diluido.
Dos veces ha decidido
que el rodillo se ha acabado,
que enredarse en el pasado 
hoy ya no tiene sentido.

Y algunos siguen rumiando
la derrota del “sorpasso”.
Y ante tamaño fracaso
 responden acelerando.
Otros andan transitando
entre la espada y el muro.
Nadie se siente seguro…
Se abusa del postureo…
Muchas balas de fogueo… 
Demasiado claroscuro...

Si en los partidos se olvida
el sentir de sus votantes,
y es sólo de militantes
la única voz que es oída,
seguirá abierta la herida
por la que se va el sufragio.
Y es más probable el presagio
que augura nuevos reveses.
¡Con votantes feligreses 
más cerca estará el naufragio!

Y habrá que buscar por tanto
la alternativa factible.
Habrá que echar combustible
para evitar el quebranto.
Desterrar el desencanto
que produce la certeza
de que hace falta franqueza.
Romper el inmovilismo,
alejarse del abismo 
y pensar con la cabeza.
Y aprender a conciliar
otras sensibilidades,
establecer prioridades
y ceder para avanzar.
Y para regenerar
enterrar la corrupción,
reformar la educación
y las leyes laborales,
los temas territoriales, 
apuntalar la nación...

Y olvidar las adhesiones
a líderes como iconos,
que esto no es juego de tronos,
ni aquí hay madres de dragones.
Hay que buscar soluciones
a este sudoku variable
que en este mundo inestable
y en este tiempo moderno
ya dejó de ser eterno 
hasta lo irreconciliable.

Aunque sea azul el cuaderno
y el presidente tristón
hoy también la oposición
puede ejercer el gobierno.
Pregunto desde este infierno
en mi papel de villano
si el perro del hortelano,
ese que impide que exista
un gobierno reformista 
¿no se llamará Mariano?

© Javier Suárez Pandiello




jueves, 22 de enero de 2015

Aves rapaces



Expectativas

   Buitres leonados
   se confunden con nubes.
   Hay elecciones.

© Javier Suárez Pandiello


"Sillón de mis entretelas", por Rosa León