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viernes, 17 de abril de 2015

Omisiones




Cosas que no hay que hacer

No hay que dormirse en el cine
salvo que el sueño mejore la historia;
ni terminar las novelas
cuya lectura resulte aburrida.

No hay que morderse las uñas,
las de los pies sí que está autorizado;
ni hablar con la boca llena,
escupiremos confusas palabras.

No hay que teñirse las canas,
la plata tiene valor añadido;
ni inventar malas excusas,
acabaremos por no recordarlas.

No hay que adular a los jefes,
incubaremos  embriones de ofidios;
ni obedecer por costumbre,
igual que fámulos de casa grande.

No hay que creer al gobierno,
pues siempre oculta intenciones aviesas;
ni dar el voto a corruptos,
ante la duda, es mejor el exilio.

No hay que eludir compromisos,
Poncio Pilatos  no es un buen ejemplo;
ni sellar rancios contratos,
nombres tatuados de efímeras novias...

No hay que estirar los idilios
si la pasión y el deseo se agotan;
ni edulcorar con poemas
los desengaños y las amarguras.

No hay que fingir los orgasmos,
aunque en amor dicen que todo vale;
ni darle envidia al vecino,
desengrasando el somier de la cama.

No hay que exhibir decepciones,
a nadie importan los propios fantasmas;
ni sacar brillo a laureles,
que son fugaces las mieles del triunfo.

No hay que vivir de recuerdos,
pudieran darnos ataques de amnesia;
ni arrinconar el pasado,
cometeremos los mismos errores.

No hay que morirse de pena,
por más espacio que ocupe la angustia;
ni hurgar en almas ajenas
en busca de sentimientos ocultos.

No hay que rendirse sin lucha
cuando la meta merece el esfuerzo;
ni abandonar la esperanza
de que se aclare el futuro algún día.

No hay que hacer caso a estos “nohayques”.
¡Que cada cual haga lo que le plazca!

© Javier Suárez Pandiello 

"La vida es un carnaval", por Celia Cruz